Un nudo llamado Canción.

Me sorprende la capacidad que puede tener nuestro cerebro para oxigenarse en cuanto le das unos días de descanso. Lejos del atronador engranaje de la rutina he estado fuera unos días, sin internet, encendiendo el móvil 5 minutos al día y sólo con buena compañía y mi guitarra.

Es increíble lo relativo que puede llegar a ser todo cuando te encuentras sólo, frente a frente con el silencio, hay problemas que se hacen pequeñitos.

Vengo con las ideas muy claras y con menos nervios por dentro, he aprovechado el puente como hacía tiempo no lo hacía: dedicándome sencillamente a descansar, dormir 10 horas y pasear por parajes desconocidos.

En cuanto mi cabeza se libera de ciertas tensiones empiezan a fluir melodías de fondo, y surgen, de nuevo nuevas canciones fluyendo entre mis dedos, deslizándose en acordes por el mástil como si siempre hubieran estado ahí y no hubiera tenido tiempo para rescatarlas del limbo. Me siento menos autor y sí más rescatador de canciones, porque en el fondo de mí sé que no hago nada nuevo, que las canciones existen todas, todas ellas en un limbo donde hay millones de líneas de distintos colores.

Unas lineas tienes el color de la armonía, otras el color de la melodía y por último… otras el color de la letra… Si eres capaz de perseguir una de esas líneas sin soltarla llegarás sin remisión a un punto donde haya una intersección con las otras dos lineas que hacen falta para llegar a un nudo luminoso, un nudo llamado canción.

Sólo tienes que ser perseverante y no cejar en tu empeño de perseguir, por muy enrevesado que aparente, la linea hasta llegar a ese nudo, ese maravilloso y confortante nudo llamado canción.

Cuando hace unos años me dí cuenta de que el proceso natural de la gira “Juntos en la Miseria” había terminado, me agobié muchísimo pensando que no tenía canciones nuevas para un siguiente disco. Estuve todo el verano escribiendo y componiendo. Hice muchas canciones, muchas… dedicando horas de concentración en mi estudio, tocando por las mañanas y grabando por las noches. Forzando la maquinaria para que, llegados al día 31 de agosto, sandro tuviese un buen puñado de canciones para trabajar pensando en el siguiente disco…

Fue algo tan antinatural que ahora me he dado cuenta (se necesita un paso de tiempo suficientemente amplio para percibirlo) que de aquel puñado de canciones, sólo “Las manos del aire” terminó por entrar en este nuevo disco. Así veo cómo se quedaron en el tintero temas como “Sale el sol”, “El Río”, “A sangre y fuego”, “Kilómetros de blues”, “Amiga” y “Yo no sabía nada” se han quedado en el abismo de los temas débiles que no superan la prueba de aptitud para ser distribuidos en un álbum.

Fuera de aquella presión, y sencillamente porque encontré (en un momento de relajación mental y fuera de ningún tipo de agobios) la línea melódica del estribillo de “Al Norte” fuí capaz de escribir en sólo 2 días esa maravillosa canción. También porque tenía entre mis manos la línea de la letra y el mensaje de “No engañes a los ángeles” disfruté casi de una forma infantil de la aventura de la búsqueda por un laberinto de armonías imposibles del nudo que finalmente se convirtió en esa canción.

Sé que dentro de muy poco tiempo la discográfica me va a preguntar por temas nuevos para ir pensando en el siguiente álbum, no me agobia, ellos ven en estos nudos la forma de hacer una red para pescar público. Yo veo mares en los que las sirenas oyen música y guían mi bitácora hacia una isla llamada Felicidad.

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