Nunca es tarde..

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No sé cuantas veces habré oído el tópico de que en este mundillo de la música hay mucha envidia, mucha falsedad, mucha competitividad.

Joder y es muy cierto, no me gusta y no acostumbro a contar las veces que me han puesto la zancadilla desde que empecé mi carrera “profesional” allá por Noviembre del año 1999. Entre otras cosas no lo hago por los nombres y apellidos que podría dar y que (aparte de restarme a mí mismo credibilidad) no me llevaría a ninguna parte. Tampoco me ha supuesto un gran avance callarme, ni por supuesto seguir el juego de la falsedad y la sonrisa hipócrita que en más de una ocasión he tenido que gastar.

Promesas incumplidas, engaños, estafas, puñaladas traperas, y un repertorio de putadas de lo más nutrido acontecen a diario desde que pones el pie en este mundillo. Y lo peor que no se salva ni dios… desde el engreído dueño de una sala de conciertos que se cree un Director Artístico de una Multinacional, hasta el Mafioso hijo de puta que te vende haberte sacado del anonimato para matarse por tu vida artística a cambio de un porcentaje económico que termina crujiéndote los huevos, pasando por el productor que te menosprecia como artista haciéndose adorar por sonar a algo que se supone haber creado él y que terminas viendo que suena a lo que suenan mil artistas más.

Hay días que te dan ganas de mandarlo todo a la mierda, pero todo… A veces me paro a mirar una lista imaginaria de indeseables y me planteo si realmente soy yo el problema, te acuerdas de conflictos, de malentendidos, de situaciones en las que se me ha quedado cara de bobo y piensas “joder, no valgo para esto”.

Pero de pronto, un día, pasa algo… algo que no es muy normal que pase. Alguien llama pidiéndote disculpas, disculpas por el pasado, por un error, por una promesa incumplida, por una putada encubierta. Alguien que te reconoce abiertamente ser consciente de que ha jugado contigo y que te da explicaciones… El Facebook muestra a todo el mundo por igual, y con el invento de los amigos en común o gente quizá conozca he retomado contacto con algunas personas que, cosas de la vida, he vuelto a cruzar caminos y palabras. En alguno de esos encuentros ha ocurrido el milagro.

Yo no necesito mucho más para perdonar, y enseguida desaparecen las espinas. Nada rencoroso.

Estos días se han sucedido una serie de estas excepciones utópicas e inexplicables en el mundo de la música y la verdad me encuentro pletórico.

En este momento hay un grupo de gente vertiendo mucho cariño y mucho de su tiempo libre en Sandropop, quiero cuidarlo, mimarlo, conservarlo porque es difícil encontrarte cosas así durante mucho tiempo seguido en este circo.

Cierta conversación en el messenger con la compañera Vicky Gastelo además ha engrasado aún más mis motores para seguir en la carretera al menos unos añitos más, el poder de las palabras es infinito cuando convierten a dos extraños en “amigos”.

Nunca es tarde..

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