donde aún no hay heridas

IMG_9336No quiero ni mirar la fecha de la última vez que actué en el Kingston. Me da miedo sentir pánico y rabia por haberme alejado tanto de una sala que tanto a mí (suena increíble) como a la gente (encantada con la atención al cliente) deja siempre posos de buenos recuerdos. En las cábalas con Rafa (dueño de la sala) nos aproximábamos a los 4 ó 5 años sin vernos, y no quiero ni comprobarlo.

Hace poco oì una entrevista  Miguel Ríos en la que confesaba que “Santa Lucía” no era un tema que en su día le agradó meter en el disco porque él se sentía más rockero que Mick Jagger y ese tema le parecía demasiado blando. Yo creo que también he pasado por esa etapa, en la que me creía más heavy que Bruce Dickinson y hacer conciertos de tranqui me “tiraba patrás”.

Inepto de mí.

El viernes volví a un escenario especial, de esos en los que nada más subir sientes cosas diferentes, por el sonido, por la visión del público que tienes, por cómo la ola del sonido vuelve a tí mezclada con el recogimiento del público y te bautiza convirtiéndote en un artista de verdad.

Y lo curioso es que la sala no solamente a mí me da buen rollo, al público tambien. La gente que viene a verme habitualmente (no son miles ya lo sabemos), tambien guarda un precioso recuerdo del Kingston y los conciertos que allí he dado. Son muchos ingredientes para que, si uno está más o menos bien, se de una noche agradable de música en directo.

Este es uno de esos conciertos en los que al terminar sabes que has triunfado, y generalmente, además coincide con el hecho de que no es precisamente tu mejor concierto (técnicamente hablando).

Cuando los artistas creamos eventos por redes sociales, después solemos “engordar” el éxito al día siguiente escribiendo frases grandilocuentes para hacer sentir buen rollo a los que vinieron y a los que no vinieron también con el ánimo de que para el siguiente la gente se anime a venir. Es así, lo haces para hacer ver que eres un tipo que atrae gente a tus conciertos (por si miran tu perfil dueños de otras salas). Pero ésta vez no hace falta exagerar nada, la sala se llenó, la gente lo pasó en grande y yo el que más.

 

Y no tenía mucha fe en la afluencia de gente dado lo cercano del concierto la semana anterior en “la boca del lobo” con la banda. Era difícil que la gente repitiera, y menos en una sala tan alejada. Pero (cosas de la vida) la gente vino, viejos colegas, lugareños, vino incluso Esther by me a la que tuve el placer de invitar a hacer algunas de sus canciones.

Ser artista en estos casos es algo maravilloso. Transmitir desde el escenario y ser correspondido es un regalo de la vida. La noche del viernes fue uno de esos regalos, una noche de esas que te acarician aquel lado desconocido del corazón donde todavía no hay heridas.

 

 

 

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