Ibanez Blazer Series

Yo no soy un guitarrista empedernido, compongo casi todo lo que hago con guitarra acústica, pero es cierto que de vez en cuando me enchufo para ensayar las guitarras rítmicas que tengo que hacer en directo en algunas canciones. Al final, en un repertorio de 18 temas, apenas toco la guitarra  eléctrica en 4 de ellos con lo que mi nivel en ese sentido no es demasiado exigente y mi convivencia con este instrumento es cordial pero no entrañable.

Sobre el año 2004 se me presentó una buena oportunidad e pillar una guitarra que un conocido vendía. El instrumento era nuevo, y el precio era una ganga.

Era una Ibanez modelo Strato, concretamente Blazer Series. Tenía como curiosidad una pastilla doble y dos sencillas que me llamó mucho la atención por el sonido y las combinaciones que podía hacer tan acertadas para el tipo de música que al final termino componiendo. Pero ni soy marquista, ni sibarita con las guitarras. Con lo cual mi nivel de exigencia no pasó más allá de sentirme cómodo, ver que el mástil era confortable, y que la consistencia de la madera auguraba una relación que duraría años.

Aunque el cariño que le tengo al instrumento es más sentimental que musical, lo cierto es que jamás he sido todo lo cuidadoso que debía con él. Sobre todo comparándome con algunos músicos que tratan a sus guitarras con una exquisitez que a veces raya la obsesión. Pero claro, hablamos de otro nivel. Yo dejo la guitarra en cualquier parte, tardo meses en cambiar cuerdas, apenas la llevo al luthier, casi no hago ajustes de ningún tipo… lo que te digo un desastre.

El otro día tocando en La Cocina Rock Bar (Madrid) me enfureció que la afinación se fuera al traste en medio de un tema como “La eSpiral” y aunque mi primer pensamiento fue deshacerme de la vieja Ibanez, finalmente la terminé llevando al Luthier, concretamente a Guitar Tunning (Getafe) gente con la que tengo confianza desde hace años.

Son ya 11 años con el instrumento y la verdad no le tenía demasiada estima hasta que Rafa (el Luthier) vió la guitarra y me escuchó lanzar mierda contra ella. Mi intención era prepararla para venderla por dos duros.

– “Pero Sandro, qué me estás contando? no tienes ni puta idea del guitarrón que tienes entre las manos”.

Me quedé petrificado…

– “Ésta guitarra es una edición súper especial Made in Japan de las que ya no se encuentran. Buena madera, buen puente, buen acabado.”

Después me estuvo contando las bonanzas de la manufactura nipona de antaño, la calidad de as maderas, etc…

Cuando logré cerrar mi boca consecuencia del asombro. Estuve investigando por internet y sinceramente me llevé una sorpresa increíble.

Mi guitarra está considerada un pequeño tesoro en el foro guitarrístico. Y lógicamente mi opinión y decisión de venderla ha cambiado por completo.

Todo ésto lo cuento porque lo importante para mí no es la guitarra en sí, sino lo profesional que fue Rafa, que me iluminó y abrió los ojos en un momento en el que él mismo podría haberse aprovechado de mí, comprar esa guitarra casi regalada y haber hecho negocio en su beneficio.

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