Cero más Infinito

Unas veces a borbotones. Palabras que tropiezan en mis dientes y caen como la baba por la comisura de mis labios. Lentas, torpes, humilladas por la velocidad de mis pensamientos. Pensamientos alimentados por un corazón encendido, a veces por un frío abrasador, otras por un fuego que congela.

Otras veces a cuentagotas. Frente a un papel en blanco, una pantalla en negro, una pregunta absurda, un reto que no te llena, un proyecto vacío, un día a día incoloro. Sabor del silencio que no quiere explicarse a sí mismo porque te miras en el espejo y te respondes casi sin preguntarte. “Me lo merezco” concluyes. Asumiendo la lógica aplastante de la ecuación que te dice que Dos es igual a Cero más Infinito (2=0+∞).

A diario aburriéndome de escucharme a mí mismo, redundancia consentida del mantra que reverbera en mi cabeza, haciendo de mi ego la caja de resonancia que ecualiza cada frecuencia de mis contradicciones. Reconociendo sin verguenza que al fin y al cabo soy fan de mí mismo y mi egoísmo.

 

 

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