hastío nocturno.

Una habitación apestando a tabaco de pipa, un gato solitario al fondo del pasillo, manecillas del reloj martilleando, sonando incluso por encima del leve hilo musical que emana del televisor ignorado, apostado en la pared escupiendo lúmenes como espermatozoides en estéril eyaculación.

Adornos, velas, botella de agua, tabaco en el corredor de la muerte. Y la guitarra en el trono que convierte cualquier rincón en el que se encuentre. Portafotos con fotos, fotos con rostros, rostros con pasado. Pasado que se mide en tres frases, “hace mucho ” “hace poco ” “hace un rato”. Mide lo mismo que el tiempo que habla de “corto”, “medio” y “largo plazo” pero más amargado.

Whatsapp en modo silencio, revistas mudas, mandos a distancia duermen, libros a medias, sofá desgastado, flores secas. Cámaras reflex en la estantería, vitrina de vitriosos enseres, ajuar del vacío, hastío nocturno, trasnochador, crápula.

Engullido por el ordenador: yo.

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