Te lo debo, y tú me lo debías.

Sentado frente al 2015, mirándonos fijamente a los ojos. Sin decirnos nada jamás nos habíamos contado tanto. Y hemos esperado a hoy, cuando no nos queda más remedio que despedirnos.

Me voy del año de la “niña bonita” con mis cosas  de alquiler a un año par. Creo tener 365 llaves para abrir las puertas de la vida cada día. Así que no perderé el tiempo durmiendo en la rutina. Serán mi guitarra y mi gato testigos de cómo me visto con una sonrisa diferente cada mañana.

Y la luz del sol dejará mi cara bendecida

para que ella pise la calle, por delante de mis heridas.

Saludaré a la gente en las semanas de la esquina,

me entretendré con ella sentados en los días,

nos tomaremos algo en los meses de la esquina.

Y borrachos de instantes, timadores de tiempo,

dando a cambio de infinito segundos de gloria que recuerden esos días.

Te lo debo, querida vida y tú me lo debías.

 

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