Las putas horas…

Las putas horas mirando una pantalla. Perdidas… expulsadas al vacío. Las putas horas sin hacer nada más que estar paralizado con la mano sobre el ratón y el dedo índice ejecutando la siguiente gilipollez que mirar. Poco contenido dura más de 5 segundos delante de la retina, ejecutando en segundo plano las putas horas pasando.

Las putas horas perdiendo el tiempo esperando, capturado, enjaulado, prisionero. Sin elegir nada, sin decidir nada. Y lo que es peor, sin pensar en nada. Con el cerebro acomodado en el sillón del tft del portátil esperando que el azar haga el resto.  Al menos con la Televisión había un estímulo cerebral. Inerte, anestesiado, agilipollado.

Las putas horas que se pasan a veces al volver del trabajo, a veces una mañana de sábado o de domingo. Cada mindundi se hace su propio club de fans, del que suele además ser su propio presidente, sujeto y objeto. Me resisto a creer que no tenemos nada mejor que hacer. Ni son redes, ni son sociales. Sólo mecanismos que autoafirmación de “yo” más adoctrinado de los últimos años. Producto final de quienes al final juegan con estadísticas de consumo, tendencias, y cookies.

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