Madrid

Era una ciudad nueva al fin y al cabo, porque conocerla de visitas nocturnas no es lo mismo que vivir dentro de ella. Así que era una ciudad nueva y punto. Tocaba buscar nuevo sentimiento de barrio, encontrar un nuevo «bar de la esquina», algún vecino a quien saludar y a alguien que te cayese mal por alguna estúpida razón.

Madrid siempre me estuvo mirando a los ojos mientras yo me hacía el huidizo, pero ya no hay escapatoria. El tsunami de humo y asfalto terminó por atraparme y esos kilómetros que antaño recorría para disfrutar de sus entrañas han venido a mí y al fin estoy aquí, como muchos otros antes que yo: en el corazón de la ciudad.

No me derrumba de ilusión el hecho en sí de vivir en un sitio nuevo, sólo cierta emoción de empezar nueva etapa en mi vida ¿definitiva?. Eso sí, todo menos impávido, algo hay dentro de éste corazón que sigue moviendo emociones dentro. Porque ¿de eso se trata no?.

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